El complejo residencial de Dahran, Arabia Saudí, es una propuesta de concurso que da respuesta a uno de los retos más exigentes del diseño arquitectónico contemporáneo: construir vivienda colectiva de alta calidad en un clima desértico extremo. La estrategia central del proyecto se articula en torno a dos ideas: el oasis como corazón interior del conjunto y un sistema de protección solar paramétrico que optimiza simultáneamente el confort térmico, la luz natural y el uso de material.

Dahran se sitúa en la franja oriental de Arabia Saudí, sobre una zona de terreno rocoso y accidentado donde se perforaron algunos de los primeros pozos petrolíferos del país. El clima es de tipo desértico árido, con veranos extremadamente calurosos, radiación solar directa muy elevada y vientos predominantes del norte y noreste de intensidad moderada.
El análisis climático se realizó mediante rosas de radiación —total, difusa y directa— que evidencian una incidencia solar intensa procedente del sur, con afectación relevante en las fachadas este y oeste. Para cuantificar el impacto en el confort exterior se empleó el índice UTCI (Universal Thermal Climate Index), evaluando cuatro hipótesis de protección:
La comparativa demuestra que la protección solar tiene un impacto decisivo sobre el confort: pasar de exposición total al sol a protección completa mejora el tiempo en confort en más de 10 puntos porcentuales, mientras que la influencia aislada del viento es mucho menor. Esta conclusión orienta toda la estrategia de diseño hacia la envolvente solar como elemento prioritario.

La parcela del complejo residencial de Dahran tiene una orientación predominante suroeste, lo que expone las fachadas principales a la mayor parte de la radiación directa, además del ruido y las vistas de las dos vías principales de 20 m que la delimitan. Para resolver este problema sin renunciar a la luz natural ni a las vistas, se diseñó un filtro de lamas de metal perforado que actúa simultáneamente como protección solar, barrera acústica y elemento de identidad arquitectónica.
El sistema se divide en tres conjuntos de lamas diferenciados según la orientación de cada fachada, optimizados mediante una cadena paramétrica completa en Grasshopper: datos climáticos con Ladybug, simulación energética con Honeybee y optimización multiobjetivo con el algoritmo genético Galapagos. El objetivo es maximizar la reducción de radiación perjudicial (noviembre–marzo) preservando la radiación útil (marzo–octubre) con el menor uso de material posible.
Las lamas se modulan en altura siguiendo la posición de cada apartamento, de modo que la fachada refleja hacia el exterior la organización interior del edificio: las viviendas quedan envueltas por las lamas, mientras las zonas comunes —gimnasio, área infantil, hall— quedan libres, aportando variación rítmica y escala humana a la piel del conjunto.

La estructura se resuelve con pilares de hormigón de 30×30 cm y forjado unidireccional de viguetas para las plantas tipo, con losa bidireccional en las cubiertas. La cimentación combina zapatas corridas y losa, según se especifica en los planos. El esquema estructural es simétrico, con una doble crujía a cada lado del patio central, lo que facilita la estandarización y la eficiencia constructiva. Los detalles D1 a D4 resuelven los encuentros singulares: la transición entre losa de cimentación y estructura elevada, los perímetros exteriores con ventana y pilar, y el remate de cubierta.

El programa residencial se articula en tres tipologías. La Unidad 1 es una vivienda en una sola planta. Las Unidades 2 y 3 son dúplex de dos plantas, con estancias diurnas en planta baja y dormitorios en planta alta. El acceso a todos los apartamentos se produce desde la fachada de calle, como referencia a la tradición de la vivienda unifamiliar: las lamas crean un umbral de entrada que filtra el exterior y genera un espacio de transición entre la calle y el interior doméstico.
La ventilación cruzada se consigue situando una apertura en la fachada norte —la más ventilada— y otra en la fachada interior del patio, creando un flujo natural que renueva el aire y mejora la calidad del ambiente interior sin depender exclusivamente del sistema mecánico. La orientación de las estancias diurnas hacia El Oasis combina privacidad y disfrute del espacio exterior colectivo.






El conjunto se organiza en torno a un patio central longitudinal —El Oasis— que actúa como regulador microclimático: la vegetación, el agua y la sombra que genera reducen la temperatura interior del recinto, mejoran el ambiente para los residentes y pueden alimentar el sistema HVAC del edificio. Las cuatro plantas sobre rasante respetan la escala del tejido circundante, formado mayoritariamente por edificios de cuatro alturas más cubierta de características constructivas similares.